DEJAME QUE TE CUENTE

Narrar es guerrilla contra el olvido, ese que sin duda seremos. Solo la Medicina y las narraciones pueden tolerar la certeza de que ninguna historia humana acaba bien. Así que, mientras nos fingimos inmortales, pasa... y cuéntanos, disfruta escuchando las historias de los otros, que podrían ser las nuestras... porque el sufrimiento nos hace iguales, hasta llegar a Ítaca.

sábado, 24 de noviembre de 2012

25 NOVIEMBRE, DIA MUNDIAL CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO




Tú puedes ser la próxima

Médicas, azafatas, abogadas, amas de casa, actrices, secretarias, celadoras, locutoras de radio, ministras… La violencia de género no tiene un “nicho ecológico” definido sobre el que imponer su demoledor dominio. Tristemente podemos decir que la violencia de género es “cosa de todas”.
Por eso, si yo fuera una mujer maltratada, o por si llego a serlo, me gustaría pensar que el sistema sanitario español está preparado para atenderme. No sólo si llego a urgencias con un pómulo roto. Los profesionales saben bien suturar, pero ¿con qué hilo se cosen las heridas del alma? ¿cuánto tardan en cicatrizar? Detrás de cada agresión física hay un infierno previo, sin grandes llamaradas, oculto, sutil, perverso, confinado a la intimidad de una relación asfixiante y humillante, envuelta en una tela de araña que no es fácilmente reconocible ni para la mujer que la sufre ni para los profesionales que la atienden. Ya sé que es difícil, pero me gustaría pensar que estos profesionales tendrán suficientes conocimientos y habilidades, y una actitud de escucha reflexiva, empática y atenta, que les impida ser maleficentes. Si me siento sola y desnuda, en medio de una tormenta de nieve en Siberia, descalza, con los pies congelados…. no me gustaría ver en la mirada del médico que me atiende algo así como un reproche: “no sé por que no coges un abrigo y te vas”. A este bienintencionado profesional le diría: ¿a dónde? ¿cómo? ¿dónde llevo a mis hijos?¿dónde meto el miedo?. Si te pido que no des parte al juez, no te ofendas, no quiero meterte en líos, pero tampoco quiero que me metas tú. Me dan miedo las decisiones “en escopetazo”, las mías y las tuyas. Si pudieras acogerme sin juzgarme… porque las mujeres maltratadas no somos ni cobardes ni masoquistas, somos víctimas de un proceso de destrucción sistemática de nuestra integridad psicológica y a veces física, víctimas del silencio social que envuelve la violencia como algo “normal” – “todas las parejas tienen diferencias” -, víctimas del desconocimiento del ciclo de la violencia y del perfil del maltratador, que a lo mejor es ese paciente de tu cupo, culto, encantador, que no es alcohólico… vamos, imposible….
Que las leyes son importantes lo sé desde hace tiempo, pero también sé que no resuelven todos los problemas. He confiado en ti otras veces, y me gustaría encontrar en ti a un profesional que sepa guardar silencio (como decía Tambor, el conejito amigo de Bambi: “si al hablar no has de agradar es mejor callar”), que aguante el temblor de mi barbilla sin darme una palmadita en la espalda (“venga, mujer, no será para tanto…”), que me de el tiempo que necesito mientras retuerzo un pañuelo, con la mirada perdida y los labios apretados porque no encuentro las palabras que nombren lo innombrable, que entienda que para salir de un pozo enfangado hace falta algo más que voluntad, que reconozca el ovillo que me enreda y envuelve… y, si puede, me ayude a tirar del hilo, y si no puede, me ayude a encontrar el sitio donde puedan hacerlo… ese ovillo que me asfixia, me ciega, no me deja pensar ni sentir nada más allá del miedo y la desesperación…

¿Serás así tú, el médico que me atienda? 
¿Seré así yo, que soy mujer y médica de familia? 
¿Seré yo la próxima víctima?



Teléfono Contra los Malos Tratos
012 Mujer o 016
900116016 para personas con diversidad auditiva y/o del habla

viernes, 16 de noviembre de 2012

A vueltas con la autonomía

La Fundación de Ciencias de la Salud ha querido dedicar uno de sus ateneos a un tema que nunca pierde actualidad: la autonomía moral, que podéis ver desde aquí 

miércoles, 31 de octubre de 2012

6 MINUTOS

Decía la canción que "la vida es eterna en cinco minutos" y el tango que "veinte años no es nada"

¿Cuánto tiempo necesitamos para acoger a un paciente, dejarle que exprese sus miedos, desbrozar la incertidumbre, compartir las decisiones a tomar y generar confianza?

Por lo que dicen estos queridos compañeros, SEIS MINUTOS no son mucho, pero pueden encerrar el universo


Ya lo decía el dr Sachs...


sábado, 9 de junio de 2012

CONFESIONES DE UN MÉDICO. Un ensayo filosófico
Alfred Tauber (Traducción de Antonio Casado da Rocha)

Madrid, Triacastela 2011. ISBN 9788495840608



viernes, 13 de abril de 2012

Libros voladores e historias que dan color a la vida


The Fantastic Flying Books of Mr. Morris Lessmore
Dirigido por William Joyce y Brandon Oldenburg. 
 Ganador del Oscar 2012 en la categoría “Cortometraje de Animación”. 
Inspirado en la misma medida por el huracán Katrina, Buster Keaton, El Mago de Oz 
y el amor por los libros. 

Una autentica joya de la animación para insistir en los beneficios de darse a la lectura

domingo, 8 de abril de 2012

Si tú me dices lee, lo dejo todo

Y si nos lo dice el profesor Ángel Gabilondo, darse a la lectura será todo un placer. Así nos invitó en el programa de Juan Ramón Lucas, en Radio Nacional. 

Disfrútalo aquí: Darse a la lectura 



jueves, 29 de marzo de 2012

Como estar dentro de un libro que nadie está leyendo

 
…le pregunté cómo era estar muerta…
Se quedó en silencio unos segundos.
—Bueno, en este momento —dijo—, no estoy muerta. Pero cuando lo estoy, es como... No sé, supongo que es como estar dentro de un libro que nadie está leyendo.
—¿Un libro? —dije.
—Un libro viejo. Está en el estante de una biblioteca, así que estás a salvo y todo eso, pero el libro no ha sido sacado durante mucho, mucho tiempo. Todo lo que puedes hacer es esperar. Sólo esperar que alguien lo saque y empiece a leer.
Linda me sonrió.
—De todos modos, no es tan malo —dijo—. Quiero decir, cuando estás muerto, sólo tienes que ser tú mismo


La vida de los muertos, del libro Las cosas que llevaban los hombres que lucharon,
de Tim O´Brien


Recuerdo cuando estaba leyendo, hace unos años, El señor de los anillos. No podía parar de leer porque no podía dejar a todos esos personajes (que eran mis amigos), no podía dejarles en peligro, tenía que seguir leyendo para que se salvaran. Y nunca más volver a leer el libro para que no tuvieran que pasar, de nuevo, semejantes penurias
¿Os imagináis que la vida fuera solo eso, un puñado de dioses leyendo distraidamente cada una de nuestras historias? Y morir cuando cerraran el libro, o se les cayera de las manos, u olvidaran por dónde andaban leyendo…