DEJAME QUE TE CUENTE

Narrar es guerrilla contra el olvido, ese que sin duda seremos. Solo la Medicina y las narraciones pueden tolerar la certeza de que ninguna historia humana acaba bien. Así que, mientras nos fingimos inmortales, pasa... y cuéntanos, disfruta escuchando las historias de los otros, que podrían ser las nuestras... porque el sufrimiento nos hace iguales, hasta llegar a Ítaca.
Mostrando entradas con la etiqueta Valores profesionales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Valores profesionales. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de mayo de 2016

SER MORTAL: la Medicina y lo que importa al final

Atul Gawande, un cirujano con gran capacidad de observación y análisis, ha escrito varios libros en los que reflexiona sobre el ejercicio de la Medicina, sus límites, sus zonas de mejora, sus fortalezas y sus dificultades.

Su último libro: "Ser mortal. La medicina y lo que importa al final" es un regalo, prudente y necesario. ¿Cómo respondemos ante la vejez, ante el final de la vida? ¿Somos capaces de parar a tiempo (ni antes ni después) o nos puede un furor terapéutico dificil de justificar en muchas ocasiones? ¿Sabemos escuchar, preguntar, acompañar? Según afirma su autor: "sobrevaloramos la vida y la seguridad por encima de la sensación de control (por parte de los pacientes), la calidad y la calidez"

 Ser mortal es un libro que se lee casi de un tirón, escrito con un lenguaje sencillo, desde la experiencia vital y profesional de acompañar a morir tanto a los pacientes como a nuestros familiares y amigos.

Destacaría del libro un "listado" de preguntas que pueden ayudar a afrontar mejor ese acompañamiento tan necesario y tan difícil. Comenzar la conversación con una afirmación del tipo: "Estoy preocupado por usted. Me gustaría que las cosas fueran diferentes". Y pasar a explorar los deseos, valores y necesidades de la persona que está frente a nosotros:

- ¿Qué cree que le está ocurriendo?
- ¿Qué cree que le va a pasar?
- ¿Qué es lo que más le preocupa del futuro inmediato?
- ¿Qué teme y que espera que pase?
- ¿Qué cosas estaría dispuesto a sacrificar y cuáles no?
- Si le quedara poco tiempo, ¿qué sería lo más importante para usted?
- ¿Cómo quiere pasar el tiempo en el caso de que su salud empeore?
- ¿Quién quiere que tome las decisiones por usted en caso de que usted no pueda tomarlas?

Preguntas que quizá sería bueno intentar responder desde nuestra propia vida también finita.

lunes, 21 de marzo de 2016

PERSONALIZAR AL PACIENTE EN EL SISTEMA SANITARIO

Los miembros del Seminario/Satélite de Innovación en Atención Primaria, Bilbao, sobre “Pacientes que lloran y otra consultas sagradas” ha elaborado un necesario dodecálogo para la personalización del paciente en el sistema sanitario. Las autoras directas son Amaia Zabalo (médica de familia, Navarra) y María José Fernández de Sanmamed (médica de familia, Barcelona), con participación de otros miembros del seminario

DODECÁLOGO PARA LA PERSONALIZACIÓN DEL PACIENTE 
EN EL SISTEMA SANITARIO

1.      Mírame a los ojos. Acércate cortesmente. Tócame, tu contacto es importante para mí, dame la mano al entrar…al salir… Sé curios@ e interésate por mí, soy una persona que piensa, siente y actúa. Necesito que me acompañes, y saber de mí facilitará que lo hagas. Tengo una cultura con unos valores y expectativas vitales que vale la pena explorar, tanto como mi cuerpo. Pregúntame por mis circunstancias, mis intereses, mi familia y mi entorno. Trata de percibir mi sentir y solidarizarte profundamente con él. Mi historia es única, todos somos distintos, en la alegría y en el sufrimiento, por favor, no lo olvides.

2.      No soy un número, una cama, un órgano o un diagnóstico aislado. No soy “príncipe/princesa“, ni “guapo/guapa” ni “corazón“. Soy persona, no una cosa, ni siquiera anestesiada.

3.      No des por hecho vínculos ni expulses de forma sistemática a mi acompañante de la habitación o consulta. Al igual que puede perturbar nuestra relación, puede llegar a ser un aliado terapéutico y apoyo imprescindible a la hora de enfrentar mi enfermar. Soy persona, soy familia y soy comunidad.
A veces me siento débil y necesito que me acompañen, te lo haré saber. Otras, preferiré que mi familia no se entere de “esto” por el momento.
Escúchame. Comprende mi sufrimiento y no lo desprecies con un “Se te ve muy bien” “todo pasa”.

4.      Observa, porque es terapéutico: mis silencios, mis gestos, las palabras que elijo… estoy creando mi relato vital. Aprende mi música para que nuestra danza siga mi ritmo. Creemos un espacio seguro en el que puedan fluir mi emociones.
Ayúdame a clarificar, a encontrar  los recursos propios y ajenos. Conóceme a fondo para ofertarme alternativas terapéuticas.

5.      Explícame lo que me pasa, los pasos de la exploración y los resultados de las pruebas adaptando tu lenguaje al mío y respetando mi lenguaje simbólico. Necesito entenderlo todo, es difícil seguir la jerga médica. No te enfades ni te irrites si no he comprendido bien. Entiende que quizás no oigo bien. Ten paciencia con mi lentitud, a veces me cuesta moverme. Necesito tiempo para asimilar todo y poderlo explicar a mis familiares y amigos.

6.      Necesito que entiendas, aceptes y toleres mi querer o no querer saber. Tengo un ritmo propio. Conócelo y adáptate suavemente a él. Te pido saber hasta donde puedo, pero no te pido que me mientas.

7.      Entiende que mi voluntad tiene prioridad sobre la tuya y ayúdame con tu ciencia a tomar mis decisiones. Considéralas. Respétalas aunque no las compartas, por favor. Todo forma parte de mi proyecto personal. No seas de l@s que me abandonas por no ser una dócil y ciega seguidora de tus prescripciones. No me conviertas, por ello, en indigna de tu atención. Pregúntame si puedo seguir el tratamiento.
Cada cual tiene miedos distintos y horrores que no quiere vivir en ningún caso. Por favor, pregunta cuáles son en mi caso. Ayúdame a firmar consentimientos.
Ten presente mi mayor anhelo, “tu lealtad conmigo”.

8.      Procura no juzgarme por mi edad, orientación sexual, etnia, lengua, procedencia, profesión, actividad comercial, peso, nivel educativo, enfermedad, arreglo, olor, fealdad, consumo de drogas, lugar que habito… y aunque yo te desagrade, despliega para mí todo tu talento y habilidad terapéutica.
No caigas en la tentación de culparme por mi enfermedad y hábitos de vida, es dañino e innecesario.
Aunque acepto sugerencias, no cometas la torpeza de dictarme los afectos y pensamientos que debo tener.

9.      Comparte un poco de tu vida conmigo. Si estás content@ sonríeme. Tu sonrisa me ayuda, me relaja y aligera mi inquietud. Si estás triste no te preocupes. Tu tristeza me dice que eres tan human@ necesitad@ como yo. Si estás enfadad@, desbordad@ y cansad@ se cuidados@, no me uses como diana de tu violencia, podrías destruirme.
Necesito conocerte, muéstrame tus dudas y limitaciones. Tus valores y principios. Si tienes algo en ti que hace mucho ruido, y no puedes apartarlo en este tiempo de relación conmigo, hazme saber de alguna manera que no soy yo quien lo causa.

10.  Cuando te estorbo, cuando supongo una sobrecarga para ti, ofértame más tiempo para poder decirte todas las cosas que quiero contarte. Soy consciente de que necesitas paciencia conmigo y yo necesito que la fabriques para mí.
A veces soy exigente sin darme cuenta de que hay cosas que no tienen solución, ni médica ni de ningún tipo, pero incluso así me puedes ayudar con tu simple escucha respetuosa.
Busca y alaba cualidades que encuentres en mí, en mi familia y en mi comunidad.

11.  Sé valiente con quienes te mandan y defiende mi bienestar y el de mi familia. Olvida incentivos y guíate por la ciencia y la conciencia.
Si tienes un aprendiz en la consulta, preséntamelo y deja que sea yo quien decida si quiero que esté. ¡No digamos si tiene que aprender técnicas que me harán daño o me expondrán a vergüenza o afectarán a mi intimidad!
Acoge, busca, acepta la ayuda, el conocimiento y la colaboración de otros profesionales. Soy yo, es mi familia, que os necesitamos a todos.


12.  Desearía que me tratases como te gustaría que te tratasen a ti en una situación similar pero teniendo en cuenta mis valores. Con tus conocimientos, aconséjame como si fueras yo mism@.

lunes, 18 de enero de 2016

El valor de leer 2


 
Dicen que segundas partes nunca fueron buenas. Pero nuestra segunda parte del curso de ética narrativa para médicos de familia "EL VALOR DE LEER", ese club de lectura ética, seguro que no te defrauda. Porque hablar de lo que importa, de los valores presentes en lo que hacemos día a día, nunca es un segundo plato, sino uno "principal".

En esta ocasión vamos a prestar atención a otros cuatro valores clave en la medicina de familia
- La honestidad, con la lectura de La isla, de Giani Stuparich
- El acompañamiento, con la lectura de Martes con mi viejo profesor, de Mitch Albom
- La profesionalidad, con la lectura de El árbol de la ciencia, de Pío Baroja
- La solidaridad, con la lectura de Reparar a los vivos, de Maylis de Kerangal

¿TE LO VAS A PERDER?
Apúntate YA aquí

jueves, 7 de enero de 2016

¿Hay que tener valor para ser médico de familia?


Más que tener valor, lo que hay que tener son VALORES, muchos. 



Son muchos, sí, pero no son renunciables. Puede que los médicos "seamos contingentes", pero "los valores son necesarios". No nos queda otra que tenerlos presentes y respetarlos. Realizarlos en el día a día (¿no es esa la tarea de la ética, realizar los valores?)

Para ponernos manos a la obra ponemos a disposición de los sanadores inquietos una reflexión sobre los cuatro valores que consideramos "sine qua non", o sea que, sin estos, mejor dedicarse a otra cosa menos humana que la medicina de familia.

¿Cuáles son? La compasión, la confianza, la responsabilidad compartida y el reconocimiento recíproco. 

¿A que te suenan? y... ¿a qué te suenan?

¿Te los vas a perder? Léelo en la revista de Somamfyc, aquí. 

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Todas las personas sonríen -y lloran- en el mismo idioma

Pablo Simón, un médico de familia que escucha, sostiene, alivia... como intentamos hacer casi todos en nuestro trabajo. Pero él se fue a hacerlo a Lesvos. Y lo cuenta desde allí



martes, 6 de octubre de 2015

¿Es la muerte un asunto político? ¿O meramente médico? ¿O una contienda autonómica?

Casos como el de Andrea sacuden los cimientos de la ética. 
Parece que solo conseguimos avanzar en la reflexión sobre los valores de la mano de casos dramáticos cargados de sufrimiento.

El modo de morir no puede depender 
de la comunidad autónoma en que uno resida

Existen en España cada vez más leyes que intentan regular los alrededores de la muerte. En Galicia la ley es bien reciente. Pero ¿necesitamos más leyes (hasta 17 posibles) o una mejor formación y sensibilización ética? Resulta imposible creer que las leyes sean capaces de regular los múltiples aspectos éticos que rodean las decisiones del final de la vida

La disparidad interautonómica es intolerable, absurda e ilógica (como la de los calendarios vacunales) y en ningún caso responde a las necesidades ni intereses reales de las personas, sino a los posicionamientos ideológicos o políticos y, en no pocas ocasiones, también a los modos de entender el vivir y el morir por parte de los médicos.

Empezar por escuchar a los padres. Consultar a los comités de ética. Y reflexionar, sin dogmatismos, desde la filosofía.

Todos estos pasos son imprescindibles para poder acompañar a las personas en una de las decisiones más difíciles de tomar de toda su vida.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

LA FRATERNIDAD, LA GRAN OLVIDADA EN BIOÉTICA.


Aunque el artículo tiene ya cinco años a sus espaldas y a pesar del ámbito en que se plantea, lanza una pregunta de tremenda actualidad:  

¿es la fraternidad un valor olvidado en bioética? 



La tesis inicial del artículo es que el desarrollo de la Bioética que hoy conocemos se realiza en el ámbito occidental desarrollado y bajo el paradigma de la autonomía kantiana, una autonomía individualista basada en la conciencia del sujeto moral. En un marco socialmente diferente como es el latinoamericano, los autores echan de menos la dimensión social de la bioética, y acuden a la filosofía dialógica de Karl O. Appel, en la que el sujeto adquiere consistencia en la medida en que pertenece a una comunidad de personas con capacidad de argumentación, y cuya autonomía cobra sentido, por tanto, si es comunicativa, es decir, si logra argumentar la decisión tomada teniendo en cuenta los múltiples intereses que puedan existir en esa comunidad. Se alude, además, a la necesidad de contar con un proceso dialógico igualitario, que proporcione a los diferentes individuos afectados la misma capacidad para intervenir en el diálogo, y de no olvidar en ningún caso la perspectiva de los más débiles, en consonancia con lo aportado por la filosofía de la liberación (Dussell).

Lo que se está planteando es si existe un individuo consistente al margen de la realidad social, si la autonomía puede vivirse como una capacidad en la que el individuo decide, de forma solipsista (vitalmente aislado), lo que más le interesa y si la comunidad tiene como único papel asistir pasiva y respetuosamente a dicha toma de decisiones. O si, por el contrario, el individuo ha de reconocer su sustrato social (y, por tanto, no-individual, sino personal, en relación) y proceder a una toma de decisiones que, de forma dialógica directa o virtual, tenga en cuenta los posibles intereses del resto de miembros de la comunidad en su propia toma de decisiones. Porque no sólo el individuo que toma la decisión se construye a sí mismo, también influye y construye, con sus decisiones, al conjunto de la sociedad de la que forma parte.

Estamos ante una invitación clara a un tipo de reflexión bastante diferente a la que estamos acostumbrados a realizar en torno al tema de la autonomía, desde una perspectiva que cuestiona la concepción liberal de la vida extendida por doquier en el ámbito occidental, tanto a diestro como a siniestro del espectro político e ideológico; constituye, por tanto, una interpelación para todos. 

¿Podemos concebir una autonomía absolutamente individual, o debemos más bien aceptar la raigambre y contextualización social de cualquier ejercicio que podamos hacer de nuestra autonomía? 

Una gran pregunta, que requiere grandes respuestas que eviten los riesgos tanto del solipsismo individual como de la represión / presión social y comunitaria que tantos problemas ha generado al desarrollo de las personas a lo largo de la historia.

Miguel Angel García Pérez

sábado, 11 de julio de 2015

¿Cómo transformar la Medicina de Familia desde la ética?

Desde el respeto, se dice aquí



Hay muchísimos más valores en juego, pero el poner en valor los valores de todos los implicados sin duda es un buen punto de partida

¿Cuál pondrías tú en primer lugar?

domingo, 10 de mayo de 2015

"Hipócrates": maldición o vocación




El director y médico de familia Thomas Liliti nos hace reflexionar en esta película sobre el ejercicio de la Medicina en sus inicios (Benjamín, el "pequeño" médico haciendo el MIR), sobre la repercusión de los recortes en la atención a las personas, sobre los errores (y omisiones) médicas, sobre el corporativismo, la culpa, la redención y el perdón.

Ya desde el comienzo nos aclara el escenario en el que se van a mover los personajes: un médico novato, solo y perdido en un pasillo, sin saber muy bien cómo llegar a su destino, y que cuando pregunta le contestan de mala gana: "quítate de ahí y no molestes". Los que aún recordéis la etapa del MIR seguro que sentís empatía.

Un aprendizaje acompañado fundamentalmente por Abdel, un médico argelino ya curtido pero que tiene que hacer el MIR para conseguir la convalidación. Historias quizá poco frecuentes en nuestro país pero que señalan muchas de las claves de nuestras sociedades multiculturales.

Hipócrates es una buena película para la reflexión y para mejorar la docencia durante el MIR. Y para reflexionar sobre ese juramento que no está de más revisitar