DEJAME QUE TE CUENTE

Narrar es guerrilla contra el olvido, ese que sin duda seremos. Solo la Medicina y las narraciones pueden tolerar la certeza de que ninguna historia humana acaba bien. Así que, mientras nos fingimos inmortales, pasa... y cuéntanos, disfruta escuchando las historias de los otros, que podrían ser las nuestras... porque el sufrimiento nos hace iguales, hasta llegar a Ítaca.

viernes, 24 de abril de 2015

Médicas y escritoras: sensibilidad y oficio

No solo Chejov, Conan Doyle u Oliver Sacks. También las médicas escriben, y vaya si lo hacen bien.

Hoy, en el día del libro, dos de nuestras compañeras del grupo han quedado finalistas en el concurso de microrrelatos de la SOMAMFYC (que por cierto ganó, muy emocionada, una médica).

¡¡ENHORABUENA!! para estas superdoctoras que no solo escuchan sino que además saben trasladar al papel las emociones de sus consultas y de la vida

Cármen Cámara y Lucía Martín...
¡¡qué peligro tenéis!!

  


NUESTRAS COSAS         (Lucía Martín)

Julián, ya ha pasado todo. No ha servido de nada la noche en vela, los nervios, la angustia, tanto llorar. Y eso que los chicos, que ni me conocen, y las vecinas no me han dejado sola en ningún momento. Menos mal.

Ahora todo está en silencio. No se escuchan sirenas, no hay gritos ni porrazos. Un muchacho de pelo largo me ha traído una manta, pero no tengo frio. Tiemblo de la rabia.

Se van amontando las cosas de la casa en mitad de la calle. Fíjate, cincuenta años de vida metidos en cajas y bolsas de supermercado. Nuestras cosas, Julián, en medio de la calle. Busco con la mirada el cabecero de latón que nos regaló tu padre y la colcha, Julián. La colcha bordada de nuestra boda.

De haber vivido tú, no nos habrían echado, lo sé. Con los pies por delante. A ti nadie te iba a echar de tu casa, ni la guardia civil, ni el Rey ni el Papa. Sólo saldrías con los pies por delante. Pues ya ves, Julián, han ganado. Siempre ganan los malos.

Me van a llevar a otro sitio. También hay gente buena. Dicen que voy a estar mejor, que voy a tener calefacción y ascensor...pero no será mi casa. Nuestra casa. Ya solo quiero, Julián, que me lleven el cabecero. Y la colcha. La colcha bordada de nuestra boda.


SIN PLACEBOS     (Carmen Cámara)

Se cuela sigilosamente en mi cama. Como si fuera  una lagartija.

Se acopla suavemente a mi cuerpo.  Como si fuera  una lapa.
Y me abraza.
Me estruja.
Me huele.
Me acaricia…hasta que la vence el sueño.

Se desliza furtivamente en mi ducha. Como si fuera una culebrilla.
Se sacude con fuerza el agua. Como si fuera un perrillo.
Y me enjabona.
Me frota.
Me aclara.
Me agarra el pecho  con fuerza.
Y lo exprime. Lo aplasta.
Buscando  la leche que le robaron. Que le quitaron.
Bruscamente.
Cuando la apartaron de su madre. De su padre. De su casa.
Sin explicaciones.
Sin aclaraciones.
Sin demora.
Sin consuelo.
Sin placebo.

Es lo que tiene ser niño.
Hay que cuidarlos.
Por el mayor bien del menor.
Por el bien mayor del menor.
Por el menor y el mayor bien.

Aunque seas un niño acogido. Protegido. Amparado.
Y  no sepas lo que significan esas palabras.
Ni sepas por qué te apartaron de tu familia. Por qué te robaron tu leche.

Sin explicaciones.
Sin aclaraciones.
Sin demora.
Sin consuelo.
Sin placebo.
 

                                        En España  hay alrededor de  30.000 niños tutelados por la Administración.
De ellos, aproximadamente 14.000 están en centros de menores.

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