DEJAME QUE TE CUENTE

Narrar es guerrilla contra el olvido, ese que sin duda seremos. Solo la Medicina y las narraciones pueden tolerar la certeza de que ninguna historia humana acaba bien. Así que, mientras nos fingimos inmortales, pasa... y cuéntanos, disfruta escuchando las historias de los otros, que podrían ser las nuestras... porque el sufrimiento nos hace iguales, hasta llegar a Ítaca.

miércoles, 23 de enero de 2013

MECÁNICA Y MÍSTICA DE LA EMPATÍA

PARA TODO EL QUE QUIERA CUIDARSE PARA SEGUIR CUIDANDO

FIDEL DELGADO, no os lo perdáis 


sábado, 19 de enero de 2013

SEAMOS REALISTAS, PIDAMOS LO (im)POSIBLE





Hay una manera de contribuir al cambio y es no resignarse
Ernesto Sábato



Hoy siento, como entonces, que hay una primavera que desea nacer. Pero también percibo que se anuncia una nueva edad de hielo que quiere aniquilarla antes de que nazca.
Presiento, pues, que lo improbable a lo que me consagro puede convertirse en imposible. Pero, aunque el Titanic naufrague, quizás una botella lanzada al mar llegue a la orilla de un mundo en el que todo deba comenzar de nuevo.
Nadie sabe nunca cuándo, ni si es demasiado tarde.

Edgar Morin, La vía para el futuro de la humanidad

jueves, 10 de enero de 2013

SALUD DEMOCRÁTICA Y DELIBERATIVA

Me ha parecido muy ilustrativo este texto del blog de La Paz 
(http://lavozdelhulp.wordpress.com/2013/01/08/conflicto-sanitario-y-salud-democratica-i/)
Para leer despacio

El conflicto activo sobre modelo y coberturas sanitarias de la Comunidad de Madrid afecta no sólo a la configuración de un determinado sistema sanitario, sino también y radicalmente -es decir, de raíz- a cómo nos vinculamos políticamente, en democracia. Como no existe una única forma de entender la democracia a continuación detallamos dos modelos democráticos, el agregacionista y el deliberativo y tratamos de explicarlos en relación con el conflicto sanitario madrileño.
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El modelo más tradicional es el agregacionista, para el que el contenido de las decisiones resulta de las preferencias y, por tanto, la voluntad popular sólo puede entenderse desde un mapa de preferencias individuales. Se considera que las preferencias e intereses se configuran en privado, que hay que partir de ellos como un hecho dado y por eso la única posibilidad es agregarlos a través del voto y la representación. El agregacionismo, además, liga la racionalidad al autointerés, es decir, entiende que la pregunta radical de todo individuo es qué es lo que más me interesa particularmente.
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Desde esta perspectiva, la Administración autonómica de la Comunidad de Madrid asume que la decisión de aprobación por la Asamblea del Plan de Medidas de Garantía de la Sostenibilidad del Sistema Sanitario Público recoge las preferencias individuales de los votantes del PP. Este es un hecho dado, que sería irrebatible si no fuera porque ésta no fue anunciada en su programa electoral. Y lo único que queda es agregar estas preferencias en el formalismo de las decisiones institucionales, al proteger el interés particular de esos votantes que, a su entender, expresa el contenido de la soberanía popular. Desde esta aproximación, la matemática de los votos legitima para la defensa de las preferencias agregadas de tus votantes.
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El otro modelo democrático es el deliberativo. Desde finales del siglo XX se habla de un “giro deliberativo de la democracia”  (Habermas o Rawls, entre otros) con la intención de articular representatividad y participación y evitar el riesgo de degenerar en la tiranía de las mayorías formales sin procesos de respeto y consideración real y democrática a las minorías. Las teorías deliberativas sobre la democracia parten de que existen desacuerdos entre los ciudadanos y de que, sin embargo, es necesario tomar decisiones comunes. ¿Cómo articularlo? Algunas cosas parecen evidentes. No por imposición (intolerable en toda sociedad democrática), no basándonos en pretendidas concepciones compartidas de vida buena (imposible en sociedades plurales), no apostando por una comunidad de perseguido consenso que en el fondo no admita la diferencia y la disidencia y, como es lógico, tampoco manipulando las emociones de los ciudadanos desde un poder mediático que nos acabe tratando más como masa que como pueblo. Desde la visión deliberativa el mapa de preferencias individuales no representa en modo alguno la voluntad popular, entre otras cosas, porque las preferencias e intereses se forman socialmente, de una forma sinérgica y no meramente sumativa y porque necesitan de procesos racionales de deliberación cuando su implantación afecta a toda la población y no sólo a determinados votantes y cuando el tema que se trabaja afecta a valores tan primarios como, en nuestro caso, la salud y a bienes tan socialmente valorados como la asistencia sanitaria.
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Para una auténtica deliberación democrática las categorías que deben usarse, siguiendo a Richardson, son las de “voluntad o intención” y no las de “creencias o preferencias”. En el caso de las opiniones o creencias (lo que los interlocutores creen sobre el mundo), si pretenden ser verdaderas o falsas (por ejemplo, que el modelo gestión privada es mejor que el de gestión pública o a la inversa), el acuerdo es imposible. El acuerdo será posible si se trata de “metas” que entran en conflicto (por ejemplo, la disminución de costes con la garantía de determinados estándares de calidad). En cuanto a las “preferencias” (lo que los interlocutores quisieran hacer), ciertamente no pretenden ser verdaderas o falsas, pero se sitúan en un plano que no permite discusión. No podemos llegar a acuerdos partiendo de la “preferencia” de gestión privada de seis hospitales (o de gestión pública!) como fuente de voluntad popular. Parece más fructífero referirse a metas que a preferencias, ocuparse de las intenciones y de las metas que cada parte se propone y que, a través de la deliberación, pueden convertirse en metas e intenciones conjuntas. Podemos alcanzar acuerdos sobre metas comunes (léase disminución de costes), pero no tratando de encontrar puntos comunes a cosmovisiones enfrentadas. No podemos deliberar sobre posiciones, es imposible, sino sobre metas que pueden llegar a ser comunes.
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La pretensión de toda deliberación de que las normas y decisiones sean justas necesita de algunas condiciones. Veámoslo brevemente…
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a)     En primer lugar, la razón pública (es decir, la que defiende intereses universalizables) ha de buscar decisiones en algún sentido aceptables por los ciudadanos, que deberían ser los autores y no sólo los destinatarios de las leyes, que es lo que hace a esas decisiones ser radicalmente respetables. Plantear la preferencia de una gestión privada de seis hospitales y de un 10% de los Centros de Salud por parte de empresas con legítimo ánimo de lucro, parece no ser aceptado por la ciudadanía, pues las dos partes del beneficio esperado (ganar dinero y proveer asistencia sanitaria), pueden entrar claramente en conflicto y en caso de hacerlo prevalecerá el objetivo fundacional de la institución, que es el beneficio particular económico.
b)     En segundo lugar, se exige racionalidad dialógica para descubrir la validez de las normas. Es decir, para que los ciudadanos sean los autores y no sólo los destinatarios, cualquier norma jurídica tiene que poder ser justificada por medio de una deliberación real discursiva, dialogada que permita que la decisión sea aceptada racionalmente por sus destinatarios. La racionalidad dialógica no se articula desde metodologías de disciplina de partido, a sabiendas del resultado de la votación previamente a la deliberación entre las partes. Por otra parte, las asociaciones y otros colectivos que se han sentado con la Consejería no aluden a esos encuentros como espacios dialógicos de deliberación, sino de escenarios más vinculados a las posiciones (léase el derecho ideológico a la privatización) que a las posibles metas comunes.
c)     En tercer lugar, una democracia deliberativa, como afirma Adela Cortina, nos lleva a un “nosotros argumentamos”, que brota del reconocimiento recíproco de quienes se saben mutuamente interlocutores válidos, obligados a la autolegislación conjunta. Los modelos de democracia deliberativa recuerdan que la democracia no puede entenderse sólo desde el modelo de un contrato social de intereses privados. La impresión que da es que la relación entre “representantes” y “representados” no circulaba en condiciones de simetría, los representados no se sentían reconocidos como interlocutores válidos.
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El proceso de toma de decisiones que llevó a la aprobación del Plan de Medidas de Garantía de la Sostenibilidad del Sistema Sanitario Público ha sido, cuanto menos, preocupante. En el medio español nos hemos dado, entre los distintos y posibles sistemas de salud, el que podíamos denominar como de “Bienestar colectivo”, claramente diferenciado de uno de “libertad contractual” (cuyo paradigma es EEUU) y de otro de “igualdad social” (más al estilo de los antiguos países del bloque soviético). Aun admitiendo que el gasto en sanidad, tal y como ha venido produciéndose desde el Estado del Bienestar fuera actualmente inasumible -algo más que discutible-, sería preciso encontrar nuevos modelos de organización y gestión para satisfacer de un modo sostenible y democrático la atención sanitaria. Sostenible, para atender las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las necesidades de las generaciones futuras. Democrático, sabiendo que no puede haber dicotomía entre los procesos por los que se llega a decidir ciertas políticas y las políticas mismas o incluso sus resultados. La autoridad moral sobre el contenido de las decisiones políticas depende en gran parte de la calidad moral del proceso por el que se ha llegado a las mismas. Por eso mismo, en plena ceremonia de la confusión, la legítima aspiración a no despilfarrar recursos públicos en sanidad se ha convertido en el deseo ilegítimo de cambiar un modelo sanitario sin un auténtico proceso de deliberación a fondo. No sirve la política de los hechos consumados.

Y II
 Nos preocupan enormemente los procesos de toma de decisiones. También en clínica. Por poner un ejemplo, últimamente se trabajan a fondo los procesos de Toma de Decisiones Compartida, entre paciente y profesional. Se entiende que es lo preferible. Por una sencilla razón: hablamos de la salud y de los valores del propio paciente. El modelo clásico, conocido como “paternalista” hacía todo por el paciente pero sin el paciente, es decir, en función de la buena intención del profesional y de su capacitación y experiencia técnicas se tomaban decisiones sobre otros. Es lo que en política clásicamente se llamaba el “despotismo ilustrado“. Todo para el pueblo, pero sin el pueblo. Esto ya es intolerable en clínica. Los procedimientos -que no la mera firma de formularios- de consentimiento informado son una herramienta que pretende reconocer la autonomía moral del paciente facilitando, precisamente, los procesos de deliberación.
Desde el punto de vista de la ética política ocurre lo mismo. Los ciudadanos no queremos que se tomen decisiones tan importantes “por nuestro bien” sin poder deliberar a fondo sobre el contenido de las mismas. Nos parece una inmoralidad. Cuando hablamos del principio de “autonomía” del paciente nos referimos a su “capacidad de darse normas / gobernarse a sí mismo” (nomos = ley, norma); cuando hablamos de “democracia” nos referimos a la “capacidad del pueblo de gobernarse a sí mismo”. El paciente, solo cuando no es competente (capaz, en términos de “capacidad de obrar”) ha de ser representado. Los ciudadanos empezamos a preferir una “democracia deliberativa”, claramente dialógica, a una “democracia representativa” en la que cada día contamos menos. Existen estrategias de participación y experiencias previas que permiten vislumbrar que ese cambio no sólo es posible, sino que empieza a ser apasionante.
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Pero, volvamos a la situación de la reforma sanitaria madrileña…
-          Tenemos un partido político que cuenta con el 33% de los votos de los electores y un 52% de los votantes.
-          Un programa electoral en el que no aparecía la privatización generalizada de la gestión sanitaria en el tiempo, lo que condiciona la política sanitaria en posteriores legislaturas.
-          Un actual responsable político -el Sr. Ignacio González- que no fue considerado como candidato a la Presidencia de la Comunidad en las últimas elecciones.
-          Un cambio significativo de modelo sanitario que incluye la gestión de instituciones y dinero públicos por empresas con ánimo de lucro.
-          Un proceso de deliberación formal en la Asamblea de Madrid, ante un tema tan transcendental y polémico, en el que se conocía el resultado de antemano en función de herramientas como la disciplina de partido teniendo, en algunos casos, la “intención deliberativa” de disputar una partida a “apalabrados”.
-          Una amplia mayoría de stakeholders -afectados en derechos y deberes- tanto profesionales sanitarios como no sanitarios, asociaciones de pacientes, sindicatos, asociaciones profesionales, etc., que se quejan de no haber sido ni consultados previamente, ni propuestos para deliberar y que rechazan frontalmente la propuesta…
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¿Puede imponerse con este contexto una decisión, en función de la mayoría absoluta parlamentaria? No olvidemos que, del mismo modo que hay leyes inmorales (léase pena de muerte, por ejemplo), también puede haber procedimientos formalmente democráticos que también se pueden tornar en condiciones claramente inmorales.
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Estamos hablando de déficit democrático, entendido no al modo agregacionista, sino al deliberativo. Posiblemente no es casualidad que también en otros contextos y no sólo en el de la “marea blanca”, se oiga repetidamente “que no nos representan, no…”. Algo se está rompiendo y posiblemente tiene que ver con un pacto social que ya ha dejado de ser válido. El conflicto sigue enconado y esto es muy paradójico. La deliberación respetuosa con todos los afectados genera lo que conocemos como amistad cívica y voluntad común, aunque pueda haber desacuerdos. Cada parte se siente tratada como una persona significativa y aunque en la conclusión su propuesta concreta no sea la elegida, se sabrá valorada, respetada y estará dispuesta a entrar en el futuro en nuevos procesos de deliberación, porque se han percatado que han contribuido al resultado y de que, de mayor o menor modo, han influido en él.
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No ha ocurrido así en el conflicto de Madrid, en el que asociaciones y sindicatos han abandonado las mesas de pretendido diálogo precisamente porque sentían que no tenían contenido real. En sociedades pluralistas, en las que el desacuerdo es inevitable, se necesita una “economía del desacuerdo moral” que lleve a ahorrar desacuerdos y contenga los medios para la autocorrección. No es el caso de lo que está ocurriendo en Madrid. Existe una diferencia significativa entre un desacuerdo deliberativo y otro que no lo es; en el primer caso, los ciudadanos que están en desacuerdo pueden reconocer que una posición merece respeto moral aunque consideren que está equivocada, pero existe respeto mutuo porque han tratado de intercambiar razones y argumentos y se han reconocido como sujetos. Intención deliberativa (como estilo político actitudinal), razón pública (defendiendo el bien común y no el particular) y reconocimiento del otro como interlocutor válido en condiciones de simetría moral son herramientas concretas y actuales de construcción de democracia. A la democracia, el “gobierno del pueblo” ya no le basta la elección de representantes cada cuatro años.
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“Si necesitamos nuevas fórmulas, es hora de presentarlas y deliberar ampliamente sobre ellas, pero lo que no puede hacerse es destruir sin razones plausibles, sin discusión, un sistema que ha conseguido ser históricamente el más justo de los que hemos tenido”.                        
Adela Cortina, El País, 4/01/2012 

domingo, 30 de diciembre de 2012

PODRÁN DESTRUIRNOS PERO NO DERROTARNOS










 

Este año que se acaba me deja algo más que mal sabor de boca. No sé de qué manera he colaborado en la crisis por ir a trabajar todos los días a un servicio -aún- público esencial del que me siento especialmente orgullosa: la sanidad pública (en el ámbito de la atención cercana y de proximidad que llamamos "primaria"). Solo he faltado un día por enfermedad (una gastroenteritis que me contagió una paciente y por la que casi me descuentan el sueldo...); he dedicado más de seis horas diarias a atender a las personas que han acudido a la consulta con sus problemas físicos y emocionales, sus crisis familiares y el temor a la muerte dolorosa o solitaria; después he visitado a muchos ancianos en sus casas y he acompañado a morir a varias personas que decidieron dejarme entrar en la intimidad de sus últimos días; he hecho curos online de reciclaje desde casa porque en la consulta no tenemos un minuto libre; he ido a algún congreso (por supuesto pagado de mi bolsillo) y he intentado colaborar en la formación de los médicos reisdentes de medicina de familia; he podido compartir los desvelos de otros en el comité de ética del área... en fin, ni más ni menos que lo mismo que han estado haciendo mis compañeros, médicos de personas comprometidos con ellas. Y parece ser que somos culpables, negligentes y malversadores de los dineros públicos. Culpables de la crisis y mentirosos.
Entonces llegaron ellos, los políticos de turno que dijeron que ya no teníamos que seguir atendiendo a todas las personas que antes atendíamos (ante lo que algunos propusimos la objeción/desobediencia civil); que había que disuadir a los pensionistas (por lo que se ve también culpables de la crisis por tener en casa dos cajas de paracetamol) de que pidieran tantas recetas; que había que negar a los pacientes que toman opiáceos (por enfermedades en fase terminal o por dolor crónico) el uso de laxantes; y que, como esto no sería suficiente, mejor le concedemos el beneficio del esfuerzo de todos a unos cuantos empresarios que van a empezar a poner precio a nuestra salud y hacer con ella negocio.

 

La Tierra Oscura ha extendido su manto de desolación, y el poder del brillo del oro nos ha dejado en tinieblas. Buscamos la luz, entre todos. Sumamos gritos, cacerolas, pancartas, villancicos y dijimos que NO, que LA SALUD NO ES UN NEGOCIO, que tiene VALOR y NO PRECIO, y nos vestimos de blanco y seguimos sumando hasta formar una hermosa MAREA BLANCA que ha pedido cordura y prudencia ante la barbarie de la codicia. Como no hay peor sordo que quien no quiere oir, la soberbia y el desprecio de los políticos -que se alegran de la dimisión masiva de los responsables de que las cosas salgan adelante- han mantenido su plan privatizador. No sé si son buenos o malos tiempos para la ética. Lo que sé es que no debemos consentir este atentado a la justicia social más básica, una serie de decisiones (políticas e ideológicas) que solo tratan de obtener beneficios económicos para unos pocos a costa del esfuerzo de muchos. 

En esta España de pandereta somos capaces de concederle el premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales a Martha Nussbaum y su teoría de las capacidades (que defiende una serie de capacidades básicas que los gobiernos deberían garantizar a todas las personas para considerar que su vida tiene un mínimo de dignidad, una propuesta de desarrollo humano no basada en términos de desarrollo económico (PIB) sino en lo que las personas pueden llegar a ser y hacer, y que por supuesto incluye la salud como una de las cuestiones básicas) haciendo a la vez oidos sordos a sus propuestas. ¿Se habrán leído sus libros?

Así que tendremos que mantener nuestro plan opositor, porque como decía Santiago, el protagonista de El viejo y el Mar, podrán destruirnos pero no derrotarnos

sábado, 15 de diciembre de 2012

SALUD ENTRE LA BASURA

El poder saludable de la música puede nacer incluso de la basura
Música reciclada para reciclar la vida


sábado, 1 de diciembre de 2012

Seguimos queriendo ser médicos de familia

             Si no llegamos, pues de puntillas
             Si nos caemos, pues nos levantamos
             En medio de este mar, de esta MAREA BLANCA  
                         SEGUIREMOS
             pensando
             soñando
             somos gotas sobre olas flotando
             no somos tropas ni soldados
             somos médicos de famila
             porque nos sobran los motivos
             porque los sueños cambian el destino de los hombres



sábado, 24 de noviembre de 2012

25 NOVIEMBRE, DIA MUNDIAL CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO




Tú puedes ser la próxima

Médicas, azafatas, abogadas, amas de casa, actrices, secretarias, celadoras, locutoras de radio, ministras… La violencia de género no tiene un “nicho ecológico” definido sobre el que imponer su demoledor dominio. Tristemente podemos decir que la violencia de género es “cosa de todas”.
Por eso, si yo fuera una mujer maltratada, o por si llego a serlo, me gustaría pensar que el sistema sanitario español está preparado para atenderme. No sólo si llego a urgencias con un pómulo roto. Los profesionales saben bien suturar, pero ¿con qué hilo se cosen las heridas del alma? ¿cuánto tardan en cicatrizar? Detrás de cada agresión física hay un infierno previo, sin grandes llamaradas, oculto, sutil, perverso, confinado a la intimidad de una relación asfixiante y humillante, envuelta en una tela de araña que no es fácilmente reconocible ni para la mujer que la sufre ni para los profesionales que la atienden. Ya sé que es difícil, pero me gustaría pensar que estos profesionales tendrán suficientes conocimientos y habilidades, y una actitud de escucha reflexiva, empática y atenta, que les impida ser maleficentes. Si me siento sola y desnuda, en medio de una tormenta de nieve en Siberia, descalza, con los pies congelados…. no me gustaría ver en la mirada del médico que me atiende algo así como un reproche: “no sé por que no coges un abrigo y te vas”. A este bienintencionado profesional le diría: ¿a dónde? ¿cómo? ¿dónde llevo a mis hijos?¿dónde meto el miedo?. Si te pido que no des parte al juez, no te ofendas, no quiero meterte en líos, pero tampoco quiero que me metas tú. Me dan miedo las decisiones “en escopetazo”, las mías y las tuyas. Si pudieras acogerme sin juzgarme… porque las mujeres maltratadas no somos ni cobardes ni masoquistas, somos víctimas de un proceso de destrucción sistemática de nuestra integridad psicológica y a veces física, víctimas del silencio social que envuelve la violencia como algo “normal” – “todas las parejas tienen diferencias” -, víctimas del desconocimiento del ciclo de la violencia y del perfil del maltratador, que a lo mejor es ese paciente de tu cupo, culto, encantador, que no es alcohólico… vamos, imposible….
Que las leyes son importantes lo sé desde hace tiempo, pero también sé que no resuelven todos los problemas. He confiado en ti otras veces, y me gustaría encontrar en ti a un profesional que sepa guardar silencio (como decía Tambor, el conejito amigo de Bambi: “si al hablar no has de agradar es mejor callar”), que aguante el temblor de mi barbilla sin darme una palmadita en la espalda (“venga, mujer, no será para tanto…”), que me de el tiempo que necesito mientras retuerzo un pañuelo, con la mirada perdida y los labios apretados porque no encuentro las palabras que nombren lo innombrable, que entienda que para salir de un pozo enfangado hace falta algo más que voluntad, que reconozca el ovillo que me enreda y envuelve… y, si puede, me ayude a tirar del hilo, y si no puede, me ayude a encontrar el sitio donde puedan hacerlo… ese ovillo que me asfixia, me ciega, no me deja pensar ni sentir nada más allá del miedo y la desesperación…

¿Serás así tú, el médico que me atienda? 
¿Seré así yo, que soy mujer y médica de familia? 
¿Seré yo la próxima víctima?



Teléfono Contra los Malos Tratos
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